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"Supe
desde muy joven, respecto a mi ascendencia rabínica. Uno de mis
antepasados, considerado como un Tzadik (sabio, justo, erudito en
las Leyes mosaicas), escribió en su pequeño pueblo natal de Rusia, una
Toráh (Rollos de la Ley).
Mi abuelo paterno, escapando de las
persecuciones zaristas, la trajo consigo a través de toda Europa hasta
llegar a este hermoso país radicándose en la provincia de Tucumán.
Allí, junto a otros judíos
prominentes, participó de la creación de la Kehilá
(Asociación Israelita Comunitaria) local. Mi padre nació en Ucrania,
pero a los tres meses ya estuvo viendo suelo argentino."
"Mi
niñez y juventud, estuvieron marcadas por las tragedias, y la muerte
pasó varias veces a mi lado, sin llevarme. Sólo al año y medio de
haber nacido, sobreviví 'milagrosamente' a un accidente tras nueve
meses de internación y lucha. La recuperación fue larga y dolorosa,
pero seguí adelante. A los siete años de edad, fui testigo de un
accidente que le costó la vida a mi hermano de diez años, lo que trajo
a mi hogar la destrucción espiritual y la separación de mi padre
durante cuatro largos años en los que yo estaba solo."
"A
pesar de todo esto, yo sabía que Dios debía 'estar en algún lado' pero... ¿Dónde?...
Mi
juventud, tras la reunificación 'física' de la familia, fue por
ello una búsqueda
incesante de ese Dios tremendo que no alcanzaba a tener conmigo.
Amaba la vida y la creación, pero odiaba al mundo material e inmoral
que cada vez más, asesinaba sin misericordia al espíritu humano, al
alma de cada ser."
"Mi
formación cultural y espiritual, fue absorbida con sed insaciable por
los diferentes medios judíos locales, donde participé de actividades y
trabajé alcanzando varios escalafones de importancia. Pero yo quería
algo más, yo necesitaba 'algo más', y no podía dejar de buscarlo.
Así,
a la edad de veinte años me casé y me fui a vivir a Israel por seis
maravillosos años, donde mi ser se enriqueció tremendamente.
Allí fue donde mis inclinaciones
humanísticas lograron manifestarse abiertamente, permitiéndome el
ingreso incondicional al mundo del periodismo, una profesión que abracé
con pasión inigualable."
"Viví
también la terrible Guerra de Yom Kipur, en el año 1973, pero una vez
más, la muerte no pudo llevarme."
"Mi
búsqueda de Dios, me llevó a conocer distintas religiones, y
pseudoreligiones, que no lograban convencerme ni saciar la sed de mi
alma."
"Así,
agotado por las circunstancias, emprendí el regreso a la Argentina en
el año 1979, aunque la muerte estaba esperándome una vez más. Mi padre tenía cáncer
en los
pulmones y su tremenda agonía dejó una terrible marca en mi corazón.
Sumado a esto, al mes y medio fallecía en un accidente, un verdadero
'hermano del alma'."
"Tuve
que hacerme cargo de mi familia y de los negocios de mi padre. Tuve
también que hacer operar a mi suegra de urgencia, ayudar a una cuñada
que se moría por un accidente y -en ese increíble período- llegaron a
mi vida mis primeras dos niñas adoptadas."
"Sentí
que el mundo se me caía encima, y que era demasiado pesado para mí, y
de esta manera comenzaron mis problemas psíquicos y emocionales. Los
nervios parecieron apoderarse de mi vida con una furia increíble, por
lo que llegué
a tratamiento médico y a pastillas calmantes, pero nada surtía
efecto. Mi ser interior estaba destrozado."
"Por
aquel año de 1981, conocí a un grupo de jóvenes de los cuales
prontamente me hice muy amigo, pero tenían un solo defecto a mi
parecer: hablaban mucho de Jesús y me decían constantemente que él
era la única respuesta a mi vida."
"¿Jesús?
¿Para un judío? ¡Vaya locura!"
"Sin
embargo, ellos tenían lo que me hacía falta: Paz verdadera y amor
fraternal... Pero... ¿cómo podía ser que todo ello fuera por causa de Jesús?... ¡No!... ¡Imposible!..."
"Cierto
día, falto ya de fuerzas para continuar y ante la incertidumbre más
grande que nunca antes había vivido, decidí que debía buscar la
manera de suicidarme. La idea rondó mi mente por un tiempo hasta que un
día sábado, cuando no había nadie en mi casa, me encerré en mi
habitación
para cumplir con mi cometido: quitarme la vida."
"Tendido
en mi cama, comencé a planificarlo, pero de pronto, sentí dentro de mi
una voz que me decía insistentemente:
'tanto
me has llamado que aquí estoy'. Varias veces deseché esta
posibilidad creyendo que eran mis propios pensamientos. Sin embargo,
comprendí que... ¡Alguien me hablaba! ¿Sería Dios? ¿Era realmente
posible que Dios estuviera allí?... 'Sí', escuché. ¡Oh, Dios!...Qué hago! - pensé una y otra vez- No
puedo seguir así ¡No puedo más! Ya me estoy volviendo loco."
"'Aquí
hay alguien que puede ayudarte, que quiere ayudarte' - escuché dentro de mí- ¡NO! ¡No quiero a nadie! ¡No
me digas que es Jesús!- casi exclamé - ¡Así no puedo! ¡No puedo! Sólo
Tú, puedes ayudarme.
Yo era judío ... ¡Judío! ¿Cómo
siquiera podía pensar en El, traicionando a mi familia, a mis
antepasados, a mi religión, a mi pueblo amado, a Israel?... ¡No! ...
¡Nunca! ..."
"Pero,
por un instante me ví tremendamente solo, abandonado, en un mundo
oscuro y de tinieblas, ante la realidad del suicidio... y
quise gritar para que alguien escuchara... ¡Oh, Dios!... ¡Qué
hago!..."
"Desesperado,
confundido, angustiado, abatido, perdido, y falto de fuerzas dije
interiormente... “¿Acaso
es Jesús Tu hijo?” .No dije mas porque una gran paz me ganó
el alma, inundando todo mi ser.
Desde ese preciso momento, supe que había encontrado a
Mi Dios, a
Mi Dios tan amado y alejado de mi vida por años, e hice un
compromiso con él:
“¡Jamás
me alejaré de tus caminos!... Enséñame a decirle al mundo que Tú
eres real , que vives, y que Jesús es real y verdadero”.
"Con
el tiempo, comprendí que Jesús, en realidad: Yeshúa, era y es el Mesías
verdadero prometido al Pueblo de Israel, que no hay nada más judío que
el evangelio, que los primeros cristianos fueron todos judíos, que la
salvación viene por los judíos."
"Comprendí,
que yo había sido transformado en un judío completo, que no me había
convertido a una nueva religión, sino que había vuelto a contactarme
con mi Dios, el verdadero, el Dios de Israel."
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